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– El papel de la mujer en la educación del siglo XXI –
El 5 de marzo de 2020, se organizó una conferencia en el Museo Ruso de Málaga por el centro del profesorado, titulada “El papel de la mujer en la educación del siglo XXI”. La conferencia fue a cargo de Isabel Jiménez Lucena, vicerrectora de igualdad, diversidad y acción social de la UMA. Leyendo el titulo de la conferencia en primer lugar se puede pensar: ¿por qué prestar especial atención al lugar de las mujeres en la educación? Desde los primeros minutos de la charla, Isabel Jiménez Lucena contestó a la pregunta. Comentó que de los 8.3 millones de profesores que trabajan en la Unión Europea, el 70% son mujeres. En efecto, según el estudio del 2 de octubre de 2015 World Teachers’ Day hecho por la Oficina de Estadísticas de la Unión Europea (Eurostat), 8.3 millones de personas trabajaban como personal docente desde preescolar hasta la educación superior en la Unión Europea en 2013. De los cuales 5.8 millones, o sea 70%, eran mujeres. Según este estudio, las mujeres predominaban en gran medida en las primeras etapas de la educación, representando el 95% de todos los maestros en el nivel de educación infantil y el 85% en el nivel primario. También en la educación secundaria la proporción de profesoras era importante con un 64%. Lo curioso es que, en contraste, la mayoría del personal docente de educación superior eran hombres con un 59%. El cambio repentino entre el porcentaje de profesores mujeres y hombres en la educación infantil, primaria y segundaría y en la educación superior tendré que llamar la atención.
Unos cifras más recientes sobre la profesión de docente en los estados miembros de la Unión Europea permiten ver si la situación ha evolucionado. Según el estudio realizado el 4 de octubre de 2019 por Eurostat sobre los profesores de la Union Europea en 2017, 5.8 millones de personas trabajaban como profesores desde primaria hasta secundaria. Las mujeres predominaban representando el 4.2 millones, o sea 72% de docentes. Al nivel nacional, según la encuesta Científicas en cifras 2017 editada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, en el curso 2016-2017, las universidades públicas españolas cuentan con solo 21% de profesoras. Es muy relevante notar que, de acuerdo con estos estudios, las mujeres predominaban en cada ciclo menos en la educación superior donde prevalecían los hombres. Este cambio de porcentaje a partir de la educación superior es particularmente interesante, ya que refleja la situación actual, sea en el entorno escolar, sea en el mercado laboral. La encuesta Científicas en cifras 2017 demuestra que “todavía es muy escasa la presencia de mujeres en los cargos de gobierno de universidades y Organismos Públicos de Investigación ; que se mantiene el techo de cristal en la carrera investigadora, puesto que no subimos del 21% de mujeres en las cátedras de universidad o del 25% entre el profesorado de investigación”. ¿Por qué hay más profesores varones en los niveles de educación superior, mientras que en los niveles más bajos hay más mujeres? Si este efecto se encuentra en otros entornos laborales, no solo en el de la enseñanza, ¿por qué, en general, hay más hombres que mujeres cuando el nivel de trabajo se vuelve más alto? En Europa, las mujeres tienen menos puestos de responsabilidad que los hombres, todos sectores combinados. Esto se puede deber a unas características concretas tal que la trayectoria educativa. Sin embargo, sigue existiendo diferencia también para las mujeres y los hombres que tienen el mismo nivel y tipo de estudio. Así que una parte significativa de esta brecha permanece sin explicación. ¿Por qué las mujeres no llegan a puestos tan altos como los hombres? ¿Por qué son menos promovidas? Prestando atención a los estereotipos, las creencias populares, las teorías apoyadas o no en pruebas concretas, se puede destacar cuatro generalizaciones sobre el tema:
– las mujeres son discriminadas,
– las mujeres se censuran,
– las mujeres no están interesadas por los trabajos con mucha responsabilidad,
– o simplemente las mujeres son menos eficientes.
Se puede directamente alejar la idea absurda de que las mujeres son menos eficientes. Según la encuesta Special Eurobarometer 376: Women in decision-making positions, la mayoría de los europeos cree que las mujeres tienen las habilidades requeridas para ocupar puestos de responsabilidad. Se preguntó a los encuestados si están de acuerdo o no con la afirmación de que “las mujeres no siempre tienen las cualidades y habilidades requeridas para realizar trabajos de puestos de responsabilidad” y el 76% no están de acuerdo con esta declaración, o sea una mayoría de los europeos cree que las mujeres son tan eficientes que los hombres.
Según esta misma encuesta, el 69% de los encuestados no está de acuerdo con la declaración según que “las mujeres están menos interesadas que los hombres en los trabajos con responsabilidad”. El análisis socio-demográfico de esta repuesta es particularmente interesante ya que demuestra que el género y el edad influye generalmente en las repuestas a este tema. Con un 32% en frente a un 24%, hay más hombres qué mujeres que piensan que las mujeres son menos interesadas que los hombres en los trabajos con responsabilidad. Además, cuanto mayores son los encuestados, más tienden a compartir este punto de vista. En efecto, el 31% de los encuestados más mayores (55 años y más) en frente al 24% de los más jóvenes (15 hasta 24 años) piensan que no están interesadas. Este análisis socio-demográfico tendría que ir a favor de un cambio de estereotipo. Si una gran mayoría de mujeres aseguran que están tan interesadas como los hombres para hacer un trabajo con responsabilidad, ¿por qué seguir generalizando que están menos interesadas?
Una vez excluidas dos teorías, nos quedan otras dos: las mujeres son discriminadas y las mujeres se censuran. Antes de todo, hay que aclarar el punto de la discriminación salarial. La brecha salarial entre mujeres y hombres es algo real, demostrado al nivel nacional, europeo e internacional por varios estadísticos, pero merece la pena de ser explicada para quitar unas ideas preconcebidas. El problema principal es que la mayoría de las encuestas sobre este tema, incluyen todos los empleados que trabajan en empresas con diez o más empleados, sin restricciones de edad y horas trabajadas. Y según los que niegan la existencia de la brecha salarial, estas encuestas no valen porque no tendrá sentido hacer un comparativo con todos los criterios mezclados. Antes de demostrar la utilidad de las encuestas no ajustadas a las características individuales, podría ser interesante enseñar los resultados de dos encuestas sobre la diferencia salarial al mismo nivel y en la misma compañía, con el fin de demostrar que también a trabajo igual, aunque pequeña, la brecha salarial existe de verdad. En Europa, de acuerdo con una encuesta de Korn Fery, empresa de consultoría de gestión, esta diferencia salarial sigue existiendo en varios países. Por ejemplo, en Francia, en 2016, para un comercio, una empresa y una función equivalentes, la brecha salarial entre mujeres y hombres es del 2.7% y en Alemania del 3%. Del otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, en 2020, según Payscale, compañía que ayuda a los empleadores a administrar la compensación de los empleados y a los empleados a entender su valor en el mercado laboral, cuando hombres y mujeres con las mismas características de empleo realizan trabajos similares, las mujeres ganan 0.98$ por cada dólar ganado por un hombre. O sea, una mujer que está haciendo el mismo trabajo que un hombre, con exactamente las mismas calificaciones que un hombre, todavía recibe un 2% menos sin razón atribuible. Por igual trabajo, no hay igual salario. Según la RAE, la acción de discriminar es “dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, de edad, de condición física o mental”, así que si ganan menos solo por ser mujeres se trata de discriminación. Aunque se trata de discriminación, se puede preguntar: ¿si las mujeres hacen el mismo trabajo por menos dinero, por qué las empresas no solo contratan mujeres para ahorrar gastos? Pues, porque la realidad es mucho más compleja. Para entender el porqué y comprender realmente la complejidad de la brecha salarial hay que interesarse también por los estudios sobre la brecha salarial de género no ajustadas a las características individuales. Lo que nos enseñan estas encuestas es que la brecha salarial reposa en parte sobre el hecho que las mujeres trabajan más a tiempo parcial que los hombres y que sus carreras son influenciadas por la maternidad. Unas de las discriminaciones principales al empleo es por ejemplo que una empresa prefiere emplear a un hombre que a una mujer que podrá potencialmente estar embarazada y pedir un permiso de maternidad, todavía más largo que el permiso de paternidad. Por lo tanto, la discriminación explicaría solo una parte de la desigualdad entre mujeres y hombres en el entorno del trabajo.
Según el estudio Gender Pay Gap del 24 de febrero de 2020 de Eurostat, las mujeres ganan en general, todos criterios mezclados, un 15.7% menos que los hombres en Europa en 2018. La diferencia salarial en España está justo por debajo de la media europea, ya que las mujeres ganan en medida un 14% menos que los hombres. Aquí no se estudia el concepto de igualdad de remuneración por igual trabajo sino la situación global. ¿Cómo explicar que los hombres ganan, todas situaciones combinadas, un sueldo más importante que el de las mujeres? La repuesta es simple: los hombres trabajan más horas que las mujeres y hay más hombres que mujeres que trabajan en puestos altos y los puestos altos son más remunerados. Pero, ¿cómo explicar este fenómeno? Si las mujeres están tan interesadas como los hombres por los trabajos con responsabilidad y que tienen un nivel de estudio alto, ¿porqué no trabajan a niveles más altos? En Científicas en cifras 2017, explican una parte de esta realidad por el hecho que “se mantiene el techo de cristal”. Se trata de una metáfora de las barreras que impiden a las mujeres de recibir promociones, aumentos salariales y más oportunidades. El techo aparece cuando las mujeres se acercan a la parte superior de la jerarquía y que se les bloquean las posibilidades de avanzar en su carrera profesional. Es de cristal porque resulta invisible y difícil de destacar. ¿Por qué es invisible? Porque se construye tras unos comportamientos culturales que incorporan ideas machistas y discriminatorias en nuestros pensamientos. Las causas del techo de cristal están relacionadas con la idea subyacente de que las mujeres se comprometen menos con sus trabajos por culpa de las cargas familiares. Por ejemplo, la posibilidad de un embarazo o el hecho de que tengan hijos suele conducir a que no consigan promocionar o que optan para trabajos con tiempos parciales para dedicar más tiempo en casa. Las desigualdades entre mujeres y hombres en el mercado laboral podría entonces en parte explicarse por la diferencia en las horas de trabajo, ya que las mujeres están más a tiempo parcial que los hombres. El problema es que si las mujeres trabajan más a tiempo parcial que los hombres es por la presión social invisible de que las mujeres tienen que encargarse de las tareas domesticas y de los niños. Esta idea se conforma con los resultados de la encuesta Special Eurobarometer 376 donde una gran mayoría de los europeos consideran que las mujeres están menos disponibles para ocupar un puesto de trabajo importante debido a sus responsabilidades familiares. Aunque las responsabilidades familiares recaen en ambos sexos, la sociedad los considera generalmente –erróneamente– como un asunto de mujeres. Se le pidió a los encuestados si estén de acuerdo o no con la afirmación de que “las mujeres están menos disponibles debido a sus responsabilidades familiares” y un 68% están de acuerdo. Estas estadísticas son coherentes con los resultados obtenidos en el diagnostico de género realizado dentro del programa de coeducación “Plan de igualdad” en el IES Pablo Picasso de Málaga. Estos resultados enseñan que son mecanismos que interiorizamos desde la infancia. El diagnostico enseña que un 47.1% de chicas tienen que dedicar una parte de su tiempo libre a las tareas domesticas contra un solo 25.7% de chicos. El hecho de que las chicas y mujeres sigan siendo la que más horas dedican al cuidado de la familia y del hogar implica que encuentran menos tiempo para realizarse y crecer tanto al nivel escolar como profesional. Una razón importante de la brecha salarial de género es también la sur-representación de las mujeres en sectores con salarios relativamente bajos y la su-representación en los sectores mejor remunerados, porque si tienen menos tiempo para realizarse y crecer tanto al nivel escolar que profesional, tendrán más dificultades en alcanzar puestos de trabajos altos. Este fenómeno se confirma tras el articulo Brecha salarial de género en Europa: hechos y cifras publicado el 03 de marzo de 2020 en el sitio web del Parlamento Europeo, en el cual se puede leer que “de media en la UE en 2018, había más científicos e ingenieros varones que mujeres: 59% en comparación con 41%. Las mujeres ocupan solo el 33% de los puestos directivos en la UE”.
Para resumir, hay que dejar claro que, en teoría, todos –mujeres o hombres– somos libres de elegir una carrera universitaria u otra, una oferta de trabajo u otra, de seguir o de parar de trabajar por tal o tal acontecimiento personal. Pero, eso es solo la teoría. En la practica, es mucho más complicado. No se trata realmente de una elección libre de cada uno, es una elección influenciada por nuestra educación, nuestro entorno, nuestros modelos y nuestra sociedad. Así que sí, existe una brecha salarial de género, existe un reparto injusto de las cargas domesticas, existe una influencia sexista, existen desigualdades de género desde la educación hasta el mundo laboral. Sobre todo, existen un motón de comportamientos interiorizados, tanto por los hombres como por las mujeres, que alientan a la desigualdad de género. Teniendo en cuanta esta realidad, ¿cómo se puede mejorar la situación? ¿Cómo llegar a una verdadera igualdad? No se trata de poner la culpa sobre un género, ni sobre el gobierno, ni el sistema laboral o educativo etc. Se trata de encontrar verdaderas soluciones que cada cual puede poner en marcha en su propria realidad para mejorar la situación global. Si quieres cambiar unos costumbres, una cultura, un sistema, no puedes quedarte sentad@ y esperar que cambien las cosas. Debes actuar. Porque somos el cambio que queremos ver. ¿Cómo al nivel personal puedo actuar en favor de una verdadera igualdad? ¿Cómo el cuerpo educativo puede favorecer un cambio de mentalidad?
– Actuar –
Antes de todo, lo más importante es conseguir deconstruir los estereotipos que hemos interiorizado. Debemos aprender a detectar los comportamientos sexistas y discriminatorios. No solo el comportamiento de los demás sino también el nuestro. Porque también los o las feministas más comprometidas en la lucha en favor de una igualdad pueden tener a veces reflexiones machistas. Eso es algo que se explica por el hecho de que hemos interiorizado años de educación sexista. Tener consciencia de sus proprias construcciones sociales, reflexiones discriminatorias o comentarios machistas, ya es el principio de todo para un mundo más justo. Darse cuenta de las reflexiones que alientan la desigualdad de género no es siempre fácil, por el simple hecho de que están muy interiorizadas e incorporadas a la sociedad, por ejemplo tras la educación, el lenguaje, la publicidad, las redes sociales etc. Hay que empezar poco a poco. Cualquiera que sea su lucha, cuando quiere cambiar el mundo, su estilo de vida, su forma de pensar, sus costumbres, puede ser complicado cambiarlos drásticamente. En este caso, se puede hacer las cosas de forma gradual y eficiente. Los puntos siguientes son una propuesta de las cosas a las cuales se puede empezar a prestar atención si queremos actuar en favor de una igualdad de género.
¡Ojo!: por supuesto, cada quien lleva sus combates de su propria manera, y estos puntos quizás no serán relevantes para todo el mundo según su situación y su punto de vista. El contenido que sigue consiste solo en una propuesta de linea de reflexión.
– El poder del lenguaje:
Se puede empezar por reflexionar sobre el hecho de que no hay colores de chica y colores de chico, no hay deporte de chica y deporte de chico, no hay estudios de chica y estudios de chico, no hay trabajos de mujeres y trabajos de hombres. Los trabajos no tienen género. Una mujer o un hombre pueden tener éxito en todos los trabajos en el momento en que tengan las cualidades, las habilidades y el conocimiento adaptados al puesto de trabajo. Una vez que se comprende esto, se puede también entender la importancia de feminizar los nombres de trabajo. La influencia de las palabras en nuestra vida cotidiana es grande, una palabra cuando la decimos, es como una pequeña semilla que viene a germinar en nuestras vidas. Se trata de ayudar a re-equilibrar, a través de la semántica, la posición de la mujer en la sociedad. En este sentido, los nombres de trabajo feminizados podrán hacer que sea más fácil aceptar la idea de que una mujer, como un hombre, puede acceder a todas las profesiones y que ninguna está reservada para un género. Si eligemos feminizar, en el uso diario, nombres de trabajos como “médico”, “bombero” o “ministro”, esto ya está ayudando a expandir los horizontes de posibilidades. En efecto, un nombre de trabajo que no tiene equivalente femenino no ayuda a las jóvenes a identificarse con el. Se podrán decir a sí mismos que estos son trabajos de hombres que no están hechos para ellas, lo que tendrá repercusiones sobre su elección de carera de estudio y luego sobre su trayectoria laboral.
– El lugar de las mujeres en la educación escolar:
Para poder proyectarse en una vida futura profesional o personal enriquecedora, la gente joven, tanto chicas como chicos, deben identificarse con unos modelos que les inspiran. ¿Dónde encuentran estos modelos? Obviamente en su entorno personal, pero también en la escuela, ya sea a través de sus maestro/as, de los libros que leen, del contenido del currículum escolar etc. Por supuesto, hay que hablar de las mujeres en la escuela en unas fechas claves como el 8 de Marzo, donde se tiene que explicar la evolución de los derechos de las mujeres y las personas que lucharon por ellos. Aunque ya es un paso grande trabajar sobre las mujeres en la historia, las ciencias, la literatura, el arte o el deporte, durante unos eventos puntales en la escuela, no es suficiente. En efecto, hablar exclusivamente de las mujeres en unos eventos puntuales es contribuir a hacer de su presencia, de su éxito y de sus combates una cosa excepcional. La clave para llegar a un mundo igualitario, como a una educación igualitaria, es saber hablar de las mujeres y de los hombres de la misma manera. Si hacemos de las mujeres en la educación algo exclusivamente excepcional y no una parte del currículum escolar, ya las estamos tratando de manera diferente. Al final, si los hombres y las mujeres son ambos capaces de escribir, de hacer ciencias, artes o deportes, se tendrán que integrar ambos, mujeres y hombres, en el currículum escolar. Todavía, las mujeres escasean en los libros escolares y el currículum escolar aunque unas han tenido influencia y podrían mencionarse más. A menudo las mujeres solo aparecen como “cortesanas” o “esposas de”. Mientras que algunas solo tenían este papel, otras se han distinguido en literatura, ciencias, artes o deportes. Algunos dirían que los hombres se incluyen con mayor frecuencia en el currículum escolar que las mujeres porque en el pasado había más autores, artistas, científicos o deportistas varones. En este caso, es necesario explicar cómo ha evolucionado la sociedad y cómo las mujeres fueron censuradas en el pasado. Es necesario explicar esto y estudiar la historia para entender, para cambiar y para saber cómo ha llegado a existir la sociedad en la que vivimos. Y por otro lado, no olvidar la existencia de grandes mujeres de la Historia tal que Safo de Mitilene, Joan de Arco, Olympes de Gouges, George Sand, Ada Lovelace, Marie Curie, Rosa Parks, Rosalind Franklin, Simone Veil, Wangari Maathai, Kathrine Switzer, Margaret Hamilton… y tantas otras mujeres con vidas, combates y logros increíbles.
– Las influencias digitales:
Para seguir con la idea de la identificación, obviamente se puede identificar con su entorno personal y lo que se aprende en la escuela, sino también por todo lo que nos rodea, por toda la cultura mainstream, la publicidades o las redes sociales. El sexismo está integrado a nuestra cultura, y puede ser a veces difícil notarlo, sobre todo cuando es omnipresente en la vida diaria del siglo XXI tras la publicidad y las redes sociales. Por eso, se puede empezar por detectar los anuncios que usan a menudo estereotipos de género, para exagerar con la mujer en la cocina y el hombre al volante de su todo-terreno. Además de estos estereotipos de género, se puede detectar la hipersexulación del cuerpo en la publicidad. El problema mayor es que este fenómeno de hipersexualización no se encuentra solo en la publicidad, sino en la vida cotidiana de la generación Z tras las redes sociales. Se puede preguntar ¿cómo influyen las redes sociales, los medios y los videoclips en las relaciones sociales y el comportamiento humano? Tanto la hipersexualización está omnipresente dentro del cotidiano digital, ha llegado un punto en el cual parece normal utilizar un cuerpo sexualizado para vender, ganar en popularidad digital, like, seguidores o consumidores. Qué está claro: un cuerpo es un cuerpo, cada cuerpo es diferente, pero todo el mundo tiene uno. No hay nada malo en mostrar un cuerpo, un trozo de piel, unas formas y hay que estar orgulloso de su cuerpo. La sutilidad es que todo está en la manera de mostrarlo y en la intención. Hablamos de hipersexualización de la sociedad cuando la idea de la sexualidad invade todos los aspectos de nuestra vida cotidiana y cuando las referencias a la sexualidad se vuelven omnipresentes en el espacio público, o sea en internet, en la televisión, en la radio, en la publicidad, en las actitudes de cada uno. Hay que darse cuenta de que el fenómeno de hipersexualización contribuye sin sorpresa a alentar la imagen de objeto sexual de las mujeres en el paisaje urbano. A pesar de la importancia de los avances en la igualdad de género, la hipersexualización los cuestiona. Condiciona en gran medida la imagen transmitida en los medios de niñas y mujeres y acentúa las desigualdades en las relaciones entre mujeres y hombres. Hoy en día estamos acostumbrados a hablar sobre la violencia contra las mujeres, y no se tiene que olvidar que las imágenes sexistas son una de ellas. En este sentido, empezar por cambiar su uso de las redes sociales y su mirada sobre la publicidad ya es una manera de actuar en favor de más igualdad.
(Como recomendación para quienes hablan francés, existe una cuenta en las redes sociales que se llama “Pépites sexites” que comparte ejemplos de estereotipos y sexismo ordinario difundidos por el marketing. Es una asociación de consumidores comprometidos para un marketing más ético, responsable y moderno. El contenido de la cuenta es divertido e interesante y permite darse cuenta de la amplitud del problema.)
– La carga mental:
Actuar cada cual, cambiando su mirada sobre sus costumbres, sus construcciones sociales, la publicidad, las redes sociales etc., o actuar de manera más global en las escuelas, son ya buenas maneras de ir a favor de más igualdad de género. Se puede actuar también al nivel familiar cambiando la organización y el reparto de las tareas domésticas. Si queremos acabar con la idea de que las mujeres están menos disponibles para ocupar trabajos con responsabilidad debido a sus responsabilidades familiares hay que cambiar el funcionamiento de los hogares. Existe la idea de que lo que sucede en el hogar no concierne a la sociedad. Sin embargo, lo que pasa en los hogares y la utilización del tiempo de cada cual tiene unas repercusiones grandes sobre la sociedad. Es simple: si una mujer dedica más tiempo a preocuparse y encargarse de las tareas domesticas y familiares, tiene menos tiempo que dedicar a su trabajo o al tiempo de ocio. En efecto, como explicado antes, el hecho de que las chicas y mujeres sigan siendo las que más horas dedican al cuidado de la familia y del hogar implica que encuentran menos tiempo para realizarse y crecer tanto al nivel escolar como profesional. Aunque las responsabilidades familiares y el cuidado del hogar recaen en ambos sexos, la sociedad los considera todavía generalmente como un asunto de mujeres. La sociedad alienta en efecto este reparto desigual de las tareas familiares y domesticas. Solo hay que fijarse un poco en la construcción del espacio publico para darse cuenta de esto. Se podría preguntar, por ejemplo ¿porqué los cambiadores de bebé están siempre y exclusivamente en el baño de las mujeres? ¿Son las madres las únicas que cambian los pañales del bebé? Por supuesto que no, los padres también, pero es lo que la construcción del espacio público manda como mensaje. Las ideas preconcebidas sobre el reparto de las tareas domesticas y familiares son un verdadero freno a la emancipación femenina. Con la crisis del Covid, ha llegado un momento en que los límites entre la vida profesional y familiar se han reducido, y el reparto desigual de las tareas domesticas ha podido acentuarse y la carga mental también ha podido empeorar. Pero, ¿de qué va realmente la carga mental? La carga mental no es cuantificable en ninguna estadística, pero está presente, se trata del tiempo dedicado a anticipar, hacer listas, planificar, coordinar todas estas tareas en su cabeza. Esta carga mental, que recae principalmente en las mujeres, es aún más invisible que el trabajo doméstico no remunerado. El problema mayor es que la repartición desigual de la carga mental y de las tareas domesticas no solo mantiene los estereotipos de género que se reproducen de generación en generación, sino también puede mantener a las mujeres más modestas en una inseguridad económica. Entonces, qué siendo mujer o hombre, joven o mayor, se puede preguntar ¿qué soluciones puedo poner en marcha en mi hogar para compartir de manera más igualitaria las tareas domésticas y la carga mental? Para un reparto igualitario, no se trata de «ayudar» a la mujer, sino de participar por igual. Así que para las jóvenes parejas, las parejas que llevan mucho tiempo juntos, las familias con niños, se pueden empezar a pensar, y quizás, reorganizar, si hace falta, el reparto de las tareas domesticas con el fin de dejar tanto tiempo libre a las mujeres y a los hombres. Esto sería un paso enorme hacía una sociedad más igualitaria.
Ahora que somos conscientes de la situación y que hemos destacado unas pistas para empezar a ir a favor de un mundo más igualitario, ¿qué esperamos para cambiar las cosas? Como los chicos, las chicas tienen un montón de recursos, de imaginación, de talento y solo necesitan un poco de inspiración positiva para poder ser algún día la primera presidente de España o simplemente una mujer educada. Una parte importante puede empezar en casa o en las escuelas para cambiar el mundo, para llegar a un mundo donde las mujeres pueden alcanzar los mismos títulos, las mismas carreras y los mismos salarios que los hombres.

Un placer haber trabajado con Pauline. En el avance por la igualdad están hombres y mujeres como tú
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